miércoles, 16 de abril de 2008

EDUCACIÓN, IDENTIDAD E INTERCULTURALIDAD

Emilio Morillo Miranda
Lima, 20 de enero de 2006.

“Pero el inevitable y necesario conflicto, la insurgencia de la gran masa indígena se ha iniciado, se ha puesto en marcha. Pensamos que será para bien del país, para enriquecer su capital humano. El niño indio es quien más padece el conflicto; y las contrapuestas fuerzas que ahora lo sacuden, quizá puedan dar lugar a la formación de un hombre cargado de tremenda energía para la creación y la renovación”. José María Arguedas, (algunas observaciones sobre el niño indio actual y los factores que moldean su conducta)


I. LA INTERCULTURALIDAD COMO PROBLEMA

¿Cuál puede ser la respuesta a la profunda crisis estructural de país y de educación? Como lo planteara José María Arguedas, nuestra utopía es la construcción de un país diferente, de todas las sangres y culturas, democrático, justo y solidario. Parte de este proyecto histórico es una educación intercultural, transformadora de la realidad.

La educación intercultural debe contribuir a resolver el drama actual de ruptura entre el Perú oficial y el Perú real, cuyas raíces se encuentran en cinco siglos de imposición violenta de un orden social y cultural colonial que excluyó y negó el derecho a la libertad, la autodeterminación y el desarrollo autónomo de un país multiétnico, pluricultural y multilingüe. Este modelo colonial de cambiar el mundo, según Rodrigo Montoya , es cristianizar, civilizar y modernizar, que en esencia significa negar a los otros el derecho que tienen a su diferencia, a ser como son. Los mecanismos educativos y culturales que ha utilizado este sistema fueron: en el Virreinato la catequización y la extirpación de las idolatrías, y en la República la escuela y los medios de comunicación masiva. La educación se orientó a despersonalizar, enajenar, contradecir el sentido de pertenencia e identidad de los niños y jóvenes respecto de nuestras raíces culturales, así como de negarles el derecho a una educación pertinente, de calidad y ser protagonistas de su propia historia.

Una de las consecuencias negativas de la imposición de relaciones sociales, y culturales asimétricas ha sido la depredación del medio ambiente con fines mercantilistas y la continuación de la reducción de la diversidad lingüística, que se ha acelerado en las últimos décadas. Desde 1940, cuando la mitad de la población del Perú hablaba una lengua nativa, se estima que se ha reducido al 25 %. Según el lingüista Andrés Chirinos (2001) , en nuestro país se hablan 31 lenguas amazónicas y 2 andinas, además del español. Simplificando, asociando cultura y lengua, se podría decir que tenemos en el país 34 culturas vigentes con lengua propia. Aquí no hay registro ni referencias a las cientos de lenguas interferidas, es decir, las lenguas maternas con las cuales se comunican de manera significativamente los niños y jóvenes de las localidades y provincias del Perú. Las lenguas nos permiten entablar una relación cercana con nuestro entorno, nos permiten ordenarlo, interpretarlo y comprenderlo. Con la extinción de una lengua no sólo se desvanecen las construcciones gramaticales, también las construcciones del universo de una sociedad y representa la irremediable pérdida de aquellos conocimientos y saberes que los pueblos han acumulado a lo largo de milenios de desarrollo . Saberes y conocimientos útiles al desarrollo del Perú contemporáneo.

No obstante, los muros aislantes y opresores no lograron apagar la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte, como lo dice Arguedas en No soy un aculturado.

La base social de un proyecto educativo intercultural son las 5,680 (2003) comunidades campesinas reconocidas, múltiples comunidades nativas de la amazonía, las empresas asociativas de migrantes; cada una de ellas articuladas por intensas relaciones de reciprocidad. Este mundo no oficial que revela una extraordinaria vitalidad en la vida cultural, social y económica del Perú.

Aníbal Quijano planteó en la década del 80, en el siglo pasado, el proceso de cholificación de la población indígena. El cholo aparece como mediador de la cultura occidental y la indígena. Quijano identifica un conjunto de canales de emergencia del grupo cholo entre los que destacan: el ejército, el servicio militar obligatorio; los sindicatos; las organizaciones políticas; y los clubes provincianos, que se cuentan por miles en la capital del país, constituyen verdaderos centros de adaptación de los migrantes a las condiciones de vida urbana y promueven activamente el progreso de sus comunidades de origen.

Las consecuencias del proceso de emergencia del grupo cholo es la configuración política de un “nuevo nacionalismo” que comienza a operar con un peso cada vez mayor en el país, así como en diversos pueblos de la América india.